Mis sesiones al amanecer son una carrera contrarreloj. Aquí tan al norte, en esta época del año, amanece antes de las 5 A. M., así que toca levantarse bien temprano, con el equipo ya preparado, y salir como alma que lleva el diablo en busca de insectos que aún se mantengan fríos y no reaccionen al acercarte. Con suerte, dispongo de un par de horas antes de que el sol suba y su calor los active.

Voy ligero: cámara, flash y difusor ya montados, con la correa Clutch de Peak Design que me permite llevarla en la mano con firmeza, y la Wandrd de 6 l. al hombro con lo imprescindible: agua, baterías, un mini trípode, una pequeña pinza y algunos accesorios más.

En cuanto a la ropa, camisa y pantalones Craghoppers NosiLife, con protección antimosquitos, algo imprescindible para sobrevivir a la ingente cantidad de estos insectos que hay por aquí, además de ofrecer cierta protección frente a garrapatas y demás fauna indeseada. También os aconsejo los repelentes de Insect Ecran; la combinación de ambos, os aseguro, da magníficos resultados.

Me muevo por pastizales y estrechos senderos de hierba alta, con acequias cercanas, buscando insectos aferrados a los verdes tallos: caballitos, libélulas, escarabajos o abejas… Modo manual y ráfaga para un primer acercamiento, y los modos C1 y C2 de la OM-1 con el Focus Bracketing en las posiciones 1 y 2 del diferencial de enfoque. Así cubro tanto insectos pequeños como grandes.

 

 

 

El sol avanza y el calor empieza a notarse. Las minúsculas gotas de agua se evaporan y los insectos voladores recuperan poco a poco su movilidad. Acercarse a ellos se complica y, después de los primeros destellos del flash, comienzan a hacer pequeños movimientos, por lo que los apilados ya no son la mejor opción. Toca recurrir a ráfagas con diafragmas más cerrados para ganar profundidad de campo, alta velocidad y flash a 1/32. Aun así, podremos hacer pequeños apilados a pulso o incluso tomas de una sola foto con muy buenos resultados.

 

 

El calor se acumula en los caminos de tierra, donde proliferan toda clase de alados, un lugar perfecto para el desayuno de muchas especies. Si la suerte te sonríe y encuentras cazador y presa, no hay que tener miedo a arrastrarse. De hecho, tumbado, tu cuerpo actúa como un trípode natural y obtienes una mayor estabilidad. Muchas especies permanecen tranquilas mientras se alimentan y, si te acercas con cuidado, puedes conseguir buenas tomas.

Me traslado a terreno abierto y, de nuevo, cambio de estrategia. La actividad se hace notar con el constante zumbido de alas. Hay más movimiento, el sol brilla y las luces son más duras, si es posible a la hora de hacer fotos debes interponerte entre el sol y el individuo y darle sombra con tu cuerpo, de esta forma evitaremos brillos indeseados.

El flash y el difusor vuelven a la Wandrd, subimos ISO sin miedo, cierro diafragma para obtener algo más de PdC y buscamos acercamientos de un disparo o ráfagas que con suerte luego podamos apilar en postprocesado. No serán tan espectaculares como los apilados de decenas de fotos, pero nos muestran a los insectos en contexto, en plena actividad. Insectos alados posados fugazmente, mariquitas que despegan desde altos tallos o, con suerte, alguna robberfly con su presa.

 

 

 

Casi siempre suelo obtener buenos resultados y cada salida me aporta un poco más de experiencia. Pero detrás de cada foto que veis hay miles de tomas fallidas, de echar el cuerpo a tierra, posicionarte con presteza para justo cuando vas a disparar, descubrir que el bicho ya no está: voló.

Por supuesto, solo por el paseo y por desconectar del día a día, ya merece la pena el madrugón.